¿Cuándo es necesario iniciar un proceso de neurorrehabilitación?

Después de un ictus, un traumatismo craneoencefálico, una lesión medular o ante determinadas enfermedades neurológicas, es habitual que aparezca una primera pregunta: ¿hasta dónde se podrá recuperar?

Pero, antes incluso de intentar responderla, hay otra cuestión importante:

¿Qué necesita recuperar esa persona para volver a desenvolverse en su vida?

Caminar puede ser importante. Pero también puede serlo volver a levantarse de una silla sin ayuda, utilizar una mano para vestirse, mantener el equilibrio al salir a la calle, poder cocinar, recuperar seguridad en los desplazamientos o volver a participar en aquellas actividades que formaban parte de su día a día.

Desde esta perspectiva entendemos la neurorrehabilitación: no como un conjunto de ejercicios dirigidos únicamente a recuperar movimiento, sino como un proceso orientado a recuperar función, autonomía y participación en la vida cotidiana.

¿Qué ocurre cuando existe un daño neurológico?

Nuestro sistema nervioso participa constantemente en la forma en la que percibimos nuestro cuerpo y nuestro entorno, organizamos una respuesta y finalmente generamos movimiento.

Por eso, cuando se produce una lesión en el sistema nervioso central o periférico, las consecuencias pueden ir mucho más allá de una pérdida de fuerza.

Un ictus, un traumatismo craneoencefálico, una lesión medular, determinados tumores o algunas enfermedades neurodegenerativas pueden provocar alteraciones en el movimiento, el equilibrio, la coordinación, la sensibilidad, el tono muscular o la capacidad para realizar determinadas actividades.

Y no todas las personas presentan las mismas dificultades, aunque compartan un mismo diagnóstico.

El diagnóstico nos aporta información, pero no nos cuenta toda la historia de la persona que tenemos delante.

Por eso la valoración individual es una parte fundamental del proceso.

Neurorrehabilitar no es únicamente recuperar movimiento

El movimiento que observamos es el resultado final de un proceso mucho más complejo.

Para poder levantarnos, caminar, alcanzar un objeto o mantenernos de pie, el sistema nervioso necesita recibir información del cuerpo y del entorno, interpretarla y organizar una respuesta adecuada.

Por eso, en neurorrehabilitación no trabajamos únicamente sobre músculos o articulaciones.

Podemos necesitar intervenir sobre la sensibilidad y la información que recibe el sistema nervioso, el control postural, el equilibrio, la coordinación, la regulación del tono, el dolor o la capacidad para organizar movimientos orientados hacia una tarea.

Pero todo ese trabajo necesita tener un sentido.

El objetivo no es conseguir un movimiento perfecto dentro de una consulta. Es conseguir un movimiento que resulte útil fuera de ella.

¿Qué persigue la neurorrehabilitación?

Los objetivos dependen de cada persona y del momento en el que se encuentre.

Podemos trabajar para:

  • mejorar el control postural y el equilibrio;
  • favorecer movimientos orientados a tareas concretas;
  • mejorar la información sensitiva que recibe el sistema nervioso;
  • recuperar o potenciar el control de brazos y piernas;
  • gestionar alteraciones del tono y determinados cuadros de dolor;
  • reducir compensaciones que puedan limitar la función;
  • mantener las capacidades existentes;
  • favorecer una mayor autonomía;
  • trasladar los avances conseguidos durante la terapia a las actividades cotidianas.

Pero existe una pregunta que debería acompañar siempre a todos estos objetivos:

¿Para qué necesita esa persona recuperar esa función?

Porque caminar diez metros en una sala puede ser un objetivo terapéutico. Poder recorrer el pasillo de casa para ir al baño de forma autónoma es un objetivo vital.

Y esa diferencia importa.

La neuroplasticidad: la capacidad del sistema nervioso para adaptarse

Una de las bases de la neurorrehabilitación es la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del sistema nervioso para modificar su funcionamiento y reorganizarse como respuesta a la experiencia, el aprendizaje y, en determinadas circunstancias, una lesión.

La práctica repetida puede ser importante, pero repetir por repetir no es suficiente.

El aprendizaje necesita estímulos adecuados, objetivos concretos y tareas que tengan sentido para la persona.

Por eso intentamos que el trabajo terapéutico se acerque progresivamente a situaciones reales: levantarse, alcanzar un objeto, cambiar de posición, caminar, utilizar una extremidad durante una actividad o resolver las demandas que aparecen en el entorno cotidiano.

Entonces, ¿cuándo conviene comenzar la neurorrehabilitación?

Siempre que la situación clínica lo permita, la valoración y la intervención tempranas pueden ser especialmente importantes.

Tras determinadas lesiones neurológicas existen periodos en los que el sistema nervioso presenta una gran capacidad de reorganización. Aprovechar estas fases puede favorecer determinados procesos de recuperación y aprendizaje.

Pero comenzar pronto no significa hacer más ni trabajar con mayor intensidad de la que la persona puede tolerar.

Significa valorar qué necesita en ese momento y proporcionar los estímulos adecuados respetando su situación clínica.

En neurorrehabilitación, más no siempre significa mejor.

Lo importante es hacer lo adecuado, en el momento adecuado y para la persona adecuada.

¿Y si han pasado meses o años desde la lesión?

Este punto es especialmente importante.

Que las primeras fases puedan ofrecer condiciones especialmente favorables para determinados procesos de recuperación no significa que después desaparezca la capacidad de aprender o mejorar.

La neuroplasticidad continúa estando presente a lo largo de la vida.

En fases crónicas quizá cambien los objetivos, el ritmo o las estrategias. En algunos casos buscaremos recuperar determinadas capacidades; en otros, optimizar las que permanecen, desarrollar nuevas estrategias, mantener la función o evitar complicaciones.

Por eso, haber pasado meses o incluso años desde una lesión neurológica no debería ser, por sí solo, motivo para descartar una valoración.

La pregunta puede dejar de ser únicamente:

“¿Cuánto tiempo ha pasado?”

y convertirse en:

“¿Qué dificultades existen actualmente y qué podemos hacer para mejorar la vida de esta persona?”

¿Qué señales pueden indicar que es conveniente realizar una valoración?

Después de una lesión o enfermedad neurológica pueden aparecer dificultades como:

  • pérdida de fuerza o de control de una extremidad;
  • problemas para caminar o mantenerse de pie;
  • alteraciones del equilibrio o la coordinación;
  • cambios en la sensibilidad;
  • rigidez o alteraciones del tono muscular;
  • dolor relacionado con determinadas posiciones o movimientos;
  • dificultad para realizar transferencias, como levantarse de una cama o una silla;
  • pérdida de autonomía en actividades cotidianas;
  • aparición de compensaciones que dificultan el movimiento.

Ante estas situaciones, una valoración especializada permite conocer qué capacidades conserva la persona, dónde están sus principales dificultades y qué posibilidades de intervención existen.

Prevenir también forma parte de rehabilitar

La neurorrehabilitación no busca únicamente recuperar aquello que se ha perdido.

También intenta evitar que aparezcan problemas secundarios que puedan limitar todavía más la función.

La falta de movilidad, determinadas posturas mantenidas o algunos patrones de movimiento pueden favorecer la aparición de rigidez, dolor, pérdida de condición física, retracciones musculares, problemas respiratorios o lesiones derivadas de la presión mantenida.

Por eso, en determinadas situaciones, intervenir desde fases tempranas también significa proteger las posibilidades futuras de movimiento y autonomía.

La lesión neurológica no afecta únicamente al movimiento

Una alteración neurológica puede cambiar en muy poco tiempo muchas cosas que antes parecían sencillas.

Moverse por casa. Vestirse. Ducharse. Trabajar. Conducir. Salir a pasear. Cuidar de otras personas.

Y ese cambio también tiene un impacto emocional, familiar y social.

Por eso entendemos que la neurorrehabilitación no puede limitarse únicamente a observar cómo se mueve una pierna o un brazo.

Necesitamos conocer cómo vive la persona lo que le está ocurriendo, qué dificultades encuentra en su día a día, qué le preocupa y qué necesita recuperar.

En ocasiones también será necesario trabajar conjuntamente con otros profesionales. La complejidad de las lesiones neurológicas hace que el abordaje multidisciplinar pueda ser fundamental para atender las diferentes necesidades que aparecen durante el proceso.

¿Qué papel tiene el fisioterapeuta especializado en neurología?

El primer paso no debería ser decidir qué ejercicio hacer.

Debería ser valorar.

Valorar cómo se mueve la persona, pero también qué información recibe, qué estrategias utiliza, qué capacidades conserva, qué dificultades aparecen y cómo todo ello está condicionando su vida diaria.

A partir de ahí podemos establecer objetivos realistas y construir una intervención adaptada a su momento clínico y a sus necesidades.

Porque dos personas pueden haber sufrido un mismo ictus y necesitar procesos de neurorrehabilitación completamente diferentes.

Neurorrehabilitación: recuperar función para recuperar vida

La recuperación neurológica no siempre sigue una línea recta.

Hay avances, periodos de adaptación, dificultades y objetivos que pueden ir cambiando con el tiempo.

Por eso, para nosotros, neurorrehabilitar no consiste únicamente en intentar recuperar aquello que se perdió.

Consiste en comprender qué puede hacer hoy esa persona, qué está limitando su autonomía y qué podemos trabajar para acercarla a aquello que necesita o quiere volver a hacer.

A veces será volver a caminar.

Otras, poder utilizar una mano.

Mantenerse de pie.

Salir de casa con mayor seguridad.

O necesitar menos ayuda para realizar una actividad cotidiana.

Porque detrás de una lesión neurológica no hay únicamente un sistema nervioso que necesita reorganizarse.

Hay una persona que está intentando reorganizar su vida.

Y escucharla, valorarla, comprender qué necesita y acompañarla durante ese proceso también forma parte de la neurorrehabilitación.