Chupete en bebés: ¿sí o no?
Una de las preguntas más frecuentes que recibimos en consulta es si el uso del chupete es recomendable o no.
Lo primero que queremos transmitir es tranquilidad: ofrecer chupete al bebé o decidir no utilizarlo es una elección personal de cada familia. Ambas opciones son válidas cuando se toman con información y teniendo en cuenta las necesidades de cada niño.
Lo realmente importante no es solo si el bebé usa chupete, sino cómo, cuándo y durante cuánto tiempo lo utiliza.
El desarrollo orofacial durante los primeros años
Desde el nacimiento, la boca, la mandíbula, los dientes, la lengua y toda la musculatura facial están en constante crecimiento y adaptación. Este proceso, conocido como desarrollo orofacial, es fundamental para una correcta alimentación, respiración, habla y desarrollo facial.
Entre los factores que favorecen un desarrollo adecuado destacan:
- La succión al pecho o al biberón.
- La respiración nasal.
- La masticación progresiva de alimentos blandos y sólidos.
- El movimiento natural de la lengua, los labios y la mandíbula.
Cuando estos procesos se desarrollan de forma fisiológica, se favorece una estructura facial equilibrada, una mordida adecuada y un correcto funcionamiento de toda la musculatura orofacial.
El chupete: ¿beneficio o interferencia?
El chupete puede convertirse en una interferencia cuando su uso es muy frecuente, intenso o se mantiene durante demasiado tiempo.
Diversos estudios científicos han demostrado que cuanto mayor es la duración del hábito, mayor es el riesgo de desarrollar alteraciones en la mordida (maloclusiones) y otros cambios en el crecimiento de la boca y los maxilares.
Sin embargo, el chupete también puede aportar beneficios en determinadas situaciones.
Entre ellos destacan:
- Ayudar a calmar al bebé y disminuir el llanto o la ansiedad.
- Favorecer la succión no nutritiva, una conducta completamente natural y tranquilizadora durante los primeros meses de vida.
- Servir como apoyo temporal en algunos bebés con dificultades para coordinar la succión, especialmente en prematuros o en determinadas situaciones clínicas, siempre bajo la supervisión de profesionales.
Por ello, la evidencia científica actual no considera el chupete como un elemento «bueno» o «malo», sino como una herramienta cuyo impacto depende del uso que se haga de ella.
En los bebés alimentados con lactancia materna, generalmente se recomienda evitar ofrecer el chupete durante las primeras semanas, hasta que la lactancia esté bien establecida. Una vez consolidada, su utilización puede valorarse si resulta beneficiosa para el bebé y la familia.
Recomendaciones para un uso adecuado del chupete
Si decides utilizar chupete, estas recomendaciones pueden ayudar a reducir sus posibles efectos sobre el desarrollo orofacial:
- Evitar ofrecerlo durante los primeros días de vida en bebés amamantados, favoreciendo que la lactancia materna se establezca correctamente.
- Utilizarlo únicamente cuando sea necesario, por ejemplo, para ayudar al bebé a dormir o calmarse.
- Evitar que permanezca en la boca durante todo el día o mientras juega.
- Intentar retirarlo de forma progresiva entre los 12 y los 18 meses y, preferiblemente, antes de los 2 años para disminuir el riesgo de alteraciones dentales y faciales.
- Favorecer la succión natural, la masticación y el movimiento de la boca mediante la lactancia, una alimentación adaptada a cada etapa y el juego.
- Consultar con el pediatra, odontopediatra o fisioterapeuta especializado si aparecen dificultades en la lactancia, alteraciones en la mordida, respiración oral o problemas en el desarrollo orofacial.
Conclusión
El chupete no es perjudicial por sí mismo, pero un uso prolongado o excesivo puede influir en el correcto desarrollo de la boca, la mandíbula y la mordida.
También es importante recordar que existen situaciones concretas —como la prematuridad o algunas dificultades de succión— en las que su utilización temporal puede resultar beneficiosa dentro de un plan de tratamiento individualizado.
En Atlaxis creemos que cada bebé es único. Por ello, las recomendaciones deben adaptarse a cada familia, buscando siempre el equilibrio entre el bienestar del bebé, el establecimiento de una alimentación adecuada y la prevención de posibles alteraciones en el desarrollo orofacial.
Ofrecer información basada en la evidencia permite a las familias tomar decisiones con mayor seguridad y favorecer un desarrollo saludable desde los primeros meses de vida.

