La vida es movimiento.

Nunca dejes de moverte

Cambio constante, y movimiento. Nacemos con esa voluntad para movernos. Desde niños vamos superando hitos en el desarrollo psicomotor sin darnos cuenta de ello. Simplemente nos surge una idea de movimiento (ideomotricidad) o una necesidad movimiento, siempre muy relacionada con los sentidos, con el entorno y con las emociones. De esa unión de ideomotricidad y emociones nace la motivación, de tal modo que saltamos de un hito a otro encadenando una serie de movimientos más complejos de los que aparentan, generando así, una secuencia de posturas dinámicas personalizadas con el simple objetivo de desplazarnos, de curiosear, de explorar el mundo que nos rodea.

Si contextualizamos el movimiento a la población que ha sufrido alguna patología neurológica debemos tener en cuenta ciertos aspectos que de manera natural un individuo sano ni siquiera se cuestiona. Y aquí podemos tener en mente tanto a una persona que ha sufrido un accidente cerebrovascular (ICTUS) como un niño que presente problemas del desarrollo neuromotor, entre muchos otros casos. En cualquiera de ellos es elemental trabajar el movimiento. Pero antes debemos tener conocimientos sobre el movimiento normal, es decir, aquel movimiento considerado fisiológicamente más adecuado para el paciente y su vida.

Así mismo, el movimiento normal se sustenta sobre la buena relación que debe existir entre el control motor, el aprendizaje motor y la biomecánica.  

  • Control motor. Definido como la capacidad del sistema nervioso que se encarga de recibir la información y ejecutar una respuesta motora de forma coordinada mediante la contracción del sistema músculo-esquelético.
  • Aprendizaje motor. Debido a que no existe una definición clara, porque se ha definido de muchas formas distintas. He recurrido a una definición de Shunway-Cook y Woollacott que son mi referente en este ámbito, y lo definen como “ un conjunto de procesos asociados con la práctica o la experiencia que implica cambios relativamente permanentes en la capacidad para producir una acción competente ”.
  • Biomecánica. Puede ser definido como el conocimiento interdisciplinar que estudia las estructuras de carácter mecánico del cuerpo humano apoyándose en áreas de conocimiento como la anatomía, la fisiología y la física.

Todo esto que he explicado hasta el momento puede sonar complicado,  pero con un ejemplo se entiende más fácil.

¿Cuando vas andando piensas en cómo lo haces? Cuando vas al supermercado y coges un producto de una estantería alta. ¿Piensas en todo el proceso qué haces para cogerlo? La respuesta lógica a estas preguntas es un NO rotundo. Eso se debe a que ese movimiento lo tenemos automatizado, es decir, no requiere que pensemos en cómo hacerlo. Sale sólo, ya está tan aprendido que no hace falta pensar. Pero en el caso de los pacientes que han perdido algún tipo de capacidad para el movimiento normal o no disponen de un buen control motor estas tareas pasan a ser muy complicadas. El problema puede estar en que la información no llega bien, en que la parte encargada del cerebro para interpretar esa información no funciona correctamente, que la respuesta que se genera no es coordinada…etc. Incluso a veces pueden darse más de una situación al mismo tiempo.

Como veis, dependiendo de cuál sea la razón por la que no se puede realizar la tarea, tendremos más de un enfoque desde el que evocar nuestro tratamiento y orientarlo al movimiento, o lo que es lo mismo, realizar un programa motor. Por eso es nuestra labor como fisioterapeutas encontrar el origen de esa disfuncionalidad motora y a partir de ese punto comenzar a darle una solución.

Trabajaremos siempre de forma conjunta con el paciente y/o su entorno (familia, tutor o persona encargada de su cuidado) haciendo que las tareas sean progresivamente adaptativas y buscando objetivos que le ayuden a mejorar su calidad de vida con relación a la salud. Para ello trataremos de aplicar la regla SMART adecuadamente para hacer al paciente participe y comprometerle activamente en su plan de rehabilitación, dándole voz y la importancia que merece. Solo de ese modo podrá llegar a la adquisición de las habilidades, es decir, a adquirir la capacidad de conseguir su objetivo/ tarea.

Las siglas de las características de los objetivos provienen del inglés y son los siguientes: ESpecíficos (Specific), Medibles (Measurable), Alcanzables / Adecuados (Attainable), Realistas (Realistic) y de Tiempo limitado / Ligados al tiempo (Timebound).

Si los objetivos son demasiado elevados o prolongados en el tiempo, aumenta la frustración, la impaciencia, el estrés y una postura negativa que puede hacer que el desempeño (performance) sea de peor calidad y en el peor de los casos hacer pensar al paciente que la rehabilitación no vale la pena. Una forma de trabajo muy positiva y valida para ellos es utilizar siempre la Clasificación Internacional para la Funcionalidad (CIF) a la hora de articular nuestras metas y objetivos. De ese modo, reforzaremos siempre las habilidades que el paciente aún conserva, es decir, las cosas que SI puede hacer. Ya que una correcta motivación puede hacer cambiar en un giro de 180º la actualmente atávica forma de tratamiento basada en la negatividad, favoreciendo un buen desempeño de la tarea.

Será de vital importancia también guiar al paciente hacia la reeducación tanto postural como neuromotriz, siempre dentro de las capacidades de cada paciente, con objetivos bien definidos y realistas que hagan que nazca la motivación intrínseca que podrá hacer efectivo el aprendizaje en el que sumergiremos al paciente en cada sesión. Mucha de esa reeducación se basa en volver a esos hitos o etapas que superábamos de niños. De tal forma que una práctica terapéutica habitual en fisioterapia neurológica pueden ser trabajar los volteos, la reptación, posiciones en cuadrupedia, el gateo, posiciones de transferencia y como no, la marcha.

Centrándonos en el aprendizaje, el paciente debe volver a aprender habilidades que ya sabía o moldear ciertas capacidades para obtener el movimiento deseado. Aplicará nuevas estrategias, evocaremos nuevas vías neuronales para aprender habilidades y una vez éstas sean repetidas las veces suficientes realizaremos una transferencia de lo aprendido hacia un entorno cambiante. Si el paciente es capaz de realizar la tarea en un entorno distinto, el aprendizaje será real y presumiblemente duradero. Aunque debemos tener en cuenta que cuanto más mayor es un paciente afectado por una lesión neurológica más trabajo nos va a llevar la adquisición de esa nueva forma de movimiento y esto se debe a dos motivos uno más científico y otro más cotidiano.

El motivo científico tiene que ver con la neuroplasticidad, que se puede definir como la capacidad que tiene el sistema nervioso para la remodelación neuronal, la formación de nuevas sinapsis o la activación de sinapsis que se encuentran silentes (que no están activas). Y el cotidiano, que se debe a la costumbre, a los vicios, a todo esos patrones que ya están tan instaurados en el esquema cerebral que cambiarlos conlleva un aprendizaje muy consciente.

Ambos motivos obligan al paciente a poner muchísima atención en todo lo que hace, a hacer valer con nuestra ayuda todas las vías de información disponibles (vista, tacto, sistema somatosensorial…) para mejorar la alteración de la propiocepción (saber como está su cuerpo en cada momento) y hacer uso y/o recuperar las capacidades perceptivas (esquema corporal, espacialidad y temporalidad y derivados de estos tres; ritmo, equilibrio, lateralidad y coordinación) puesto que todo ello es fundamental para la correcta reeducación y rehabilitación.

Por eso, es momento de moverse. Está más que demostrado que sin hacer absolutamente nada nuestro cuerpo pierde habilidades, capacidades, aptitudes, fuerza muscular…y con todo ello la motivación por movernos. ¡Todo lo que no se trabaja se acaba perdiendo! Cuando acontece una lesión neurológica del tipo que sea, es importante saber que no podemos privar a esa persona de movimiento.